Ya las palabras no tienen nada de novedoso, el tema surge y resurge en cada ensayo, los claros problemas de comunicación en las relaciones humanas, lo desafiante que es el problema de mejorar estas relaciones, lo distantes que nos vemos unos de otros, con puntos mencionados como el de la globalización, o la misma ignorancia, el ignorante que celebra su falta de conocimiento sin deseos de saber algo más, aun teniendo escrito con letras de liquidación a su alrededor la famosa frase "El conocimiento es poder". Y recordar lo frágil que es la línea entre el respeto y la intolerancia, entre el querer o no querer entender al otro, tolerar sus diferencias o ideales, que muchas veces pasan a llevar todo nuestro universo, toda la idea que tenemos de realidad, de raciocinio, de valores y de lo que se supone es bueno o malo para la convivencia en sociedad.
Pareciera que comunicarse se hace cada vez más difícil. Está claro que el conversar nace por la necesidad de comunicarnos, o a veces hasta podemos tener una conversación personal, interna, donde discutimos con nosotros mismos (que creo son las conversas que mantengo más a menudo), donde normalmente pensamos y armamos una idea u opinión para luego dársela a conocer a una o más personas (cosa que personalmente hago muy poco). Esa intención de expresarnos está siempre ligada a un nivel de entrega de información que está condicionada por el tipo de relación que podamos tener con el otro individuo. Y con esto me refiero a que uno normalmente se autocensura, o se limita a decir ciertas cosas, quizás para crear una especie de escudo y no verse tan vulnerable frente a otros. Porque la verdad es que hoy en día es complicado saber en quien se puede confiar para contarle algo. No nos atrevemos a entablar una buena conversación por evitar quizás conflictos, una discusión, o a veces por no atrevernos a “mojarnos el potito”. Es fácil darse cuenta de esto a través de las relaciones interpersonales que formamos hoy en día, donde lo más común es que simplemente se limiten a un “¿cómo estás?”, “¿cómo te fue en el trabajo?”, “que hace calor”, etc., conversaciones banales y pobres en contenido, superficiales, que han sido así condicionadas por el poco incentivo que recibimos del entorno, donde el lenguaje es pobre y desteñido, un entorno revolucionado por el mundo tecnológico y la internet, en el que simplemente a través de un chat o Messenger entablamos conversaciones cortas, express, que ni siquiera tenemos la posibilidad de ver el rostro de la otra persona, mirar sus ojos y saber si dice la verdad, o ver la expresión con que dice tal o tal cosa, y es tan fácil tergiversar, y omitir, o arreglar y adornar frases para hacerlas ver mejor.
Es fácil darse cuenta que hoy en día hablamos mucho, pero es muy poco lo que decimos, como ya mencionaba, lo sustancial de una buena conversación se ha vuelto totalmente superficial. ¿Qué es conversar?, lo entiendo como la necesidad de interacción para mantener las ideas vigentes, creo que siempre es necesario dar a conocer lo que sentimos o pensamos, si no para que ocupar el cerebro, para que perder el espacio dentro del cráneo si no vamos a ocupar la masa encefálica de forma coherente y con un fin productivo, para que vamos a hacer funcionar las neuronas si vamos a callarnos todo lo que pueda ocurrírsenos por miedo al ridículo, o a vernos vulnerables, o a no atrevernos a pelear por nuestros intereses, aislándonos y atrofiando el alma por no desahogarnos. A veces nos hace tanta falta hablar de verdad y decirnos las cosas en la cara, pero siempre fijando ciertos límites, donde entra en juego la tolerancia y el respeto, donde sepamos escuchar y aceptar que el otro individuo tiene su propia identidad y creencias, valores y opiniones, que pueden ser totalmente diferentes a las nuestras, pero no por eso menos válidas. Decirnos las cosas de frente sin necesidad de atacarnos o faltarnos el respeto, de escuchar lo que piensa el otro para entender porque actúa de tal o tal manera, para reflexionar y decir lo que pensamos, para conversar civilizadamente sin necesidad de sacar un cuchillo de algún bolsillo y degollar las ideas del otro.
En lo que a mí respecta, debo confesar que no soy muy bueno para conversar, siempre me ha sido mucho más fácil escribir, o escuchar, y al momento de estar frente a alguien no hallo las palabras adecuadas, me bloqueo, no sé, siempre me ha complicao comunicarme fluidamente y poder mantener una buena conversación con la mayoría de la gente. Y es por esto que tanto yo como muchos, elegimos las amistades con pinzas, y de hecho no a todos los amigos se les cuenta todo, puede que haya uno para conversar de un tema específico, y otro para otro tema. Y es que uno sabe en quien confiar, o con quien desarrollar una conversación interesante y productiva. Y así se hace mucho más estrecho el círculo de amigos, o conocidos, y una buena conversación hace algunas tardes tan amenas, o una vida llena de eso mismo, de vida.
Quizás todo esto me saldría más fácil decirlo teniendo con quien conversarlo, así que si alguien anda con monedas, está cordialmente invitado a invitarme a una cerveza bien conversada…
lunes, 27 de septiembre de 2010
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